Me ha encantado la
definición que ha ofrecido Luis de inteligencia emocional: “se entiende como la capacidad que tienen las
personas para desenvolverse de forma exitosa en las relaciones sociales.”
Cuando la inteligencia emocional se puso de moda
gracias a los libros de Daniel Goleman, confieso que sentí curiosidad y me
compré 2 de sus libros, pero sólo leí un par de capítulos o 3 de “Inteligencia
Emocional”. Dejé de interesarme porque en mi trabajo vinieron unos “consultores
externos” para darnos formación en inteligencia emocional la cual siempre
terminaba con un ejercicio en grupos de 3 para ver cómo interactuábamos.
Uno asumía el papel de
cliente, el otro de jefe y el otro de currito y la clave: qué harías en la
situación que te proponían los formadores. Pero ojo, que no era ningún
ejercicio teórico, sino que había que hablar y escenificar como si se tratara de una
situación real.
Esto me ponía nervioso, lo
pasaba mal durante estos ejercicios y pensé que esto de la inteligencia
emocional era algo parecido a esos libros americanos que pretenden convertirnos
en triunfadores de la noche a la mañana leyendo un libro y haciendo lo que pone
en él del tipo: Repite antes de acostarte "Yo puedo, yo puedo, yo puedo...". En definitiva, colgué los libros en la estantería.
Pero siempre me han
interesado las habilidades sociales porque soy muy consciente de que carezco de
ellas. Hasta ahora no sabía que eran lo mismo que la inteligencia emocional.
Hay
determinados momentos en los que no he sabido cómo comportarme y claro, he
huido de la situación. Y necesito saber qué es lo que haría una persona normal,
de qué hablaría y cómo se comportaría. ¿Hay algún libro bueno al respecto?
Me sería de gran ayuda.
Van algunos ejemplos que me
llaman la atención porque no he sabido qué hacer, cuando todo el mundo sabe
cómo comportarse en estos casos.
a) Recreos
Los amigos que tenía cuando
iba al instituto y a la universidad iban a otros colegios. Nos conocíamos
porque los fines de semana íbamos a jugar a las maquinitas al mismo sitio y
porque nos intercambiábamos juegos y programas de ordenador. Vaya frikis,
diréis. Pues sí.
En el instituto no tenía
amigos y en la universidad aún menos. Y en los recreos nunca he sabido qué
hacer. ¿Qué hice?
En el instituto utilicé la
estrategia de la lapa: me arrimé a un chico y permanecí junto a él casi todo el
tiempo.
Ya en la universidad, no
había recreos sino cambios de clase de 10 minutos. En ese tiempo me quedaba en
mi asiento haciendo como si estaba copiando algo de los apuntes que no había
cogido en clase.
Es patético, ya lo sé.
b) Picoteo en el trabajo
Entramos varias personas a la
vez a trabajar para una empresa y nos ofrecieron un cocktail con algo para
picar ese día para que nos fuéramos conociendo todos.
Al principio se acercaba mucha gente a
mí y me preguntaban cómo me llamaba, de dónde era, si ya conocía a mi jefe,
etc. Pero después de cierto tiempo mucha gente me había saludado y no se
acercaban otra vez. Se acercó algún pez gordo a coger algo de la mesa por donde
estaba y me dijo algo, después me preguntó quién era mi jefe. Mis respuestas
fueron “Sí”, “Rafael”. Se quedó un momento más, pero como no seguí hablando,
se marchó.
Aquí me puse nervioso porque
era el único que estaba en la mesa picando algo, mientras el resto estaba
hablando animadamente, copa en mano.
Encontré la salida: ir al
baño. Cuando volví no sabía con quien hablar y busqué otra salida: llamar a mi
madre para contarle qué tal había sido mi primer día de trabajo. Luego me fui a
casa.
c) El abrazo
Ya os he hablado de ella, es
la segunda chica a la que expresé mis sentimientos.
Después de varios años sin
vernos, coincidimos un viernes en la estación de autobuses de Madrid. Iba
acompañada de su hermana. Cuando me vio, se acercó a mí con una sonrisa e hizo
los movimientos oportunos para dar-recibir un abrazo. Yo nunca había dado un
abrazo a nadie e hice una pirueta extraña. Ví caras de extrañeza tanto en ella
como en su hermana.
¿A qué vino lo de la
pirueta? Ya sé que es de gilipollas, pero me curvé entero para poder dar un
abrazo de manera que mi pecho no tocara el suyo, no quería que pensara que yo….
En serio, así de gilipollas era y tenía 28 años!!!
d) Exámenes orales
En la facultad había ciertas
asignaturas que tenían examen oral obligatorio. Yo las pasaba canutas. Los días
antes del examen (de 7 a 10 días) dormía mal, tenía como pesadillas pensando en
el examen. El día anterior al examen no podía dormir, pero tampoco podía
aprovechar el tiempo para repasar por lo nervioso que estaba. Tenía síntomas
físicos como sensación de ahogo, palpitaciones, dolor de cabeza, nauseas,
vómitos, dolor de tripa…
Mi madre me quería consolar
diciendo que si suspendía no pasaba nada pero que no me pusiera así.
El resto de asignaturas
estaban plagadas de notas muy buenas. Por tanto, no era que no pudiera
memorizar esas asignaturas, la materia me la sabía y mejor que las otras
asignaturas ¿por qué? Porque sabía que en el examen se me iba a nublar la mente
y no iba a poder pensar por lo que mi respuesta tendría que ser automática y eso sólo te lo ofrece la memoria. Me lo aprendía como un papagayo.
Era el temor a no poder
articular palabra, a quedarme paralizado al tener que exponer ante varias
personas lo que me consumía. Es por tanto, lo de enfrentarme, hablar ante
varias personas lo que me paraliza.
En los otros apartados está
muy claro que se trata de mi falta de habilidades sociales.
Aquí no sé si es mi timidez
extrema o si es mi falta de habilidades sociales porque durante el examen oral
os juro que no podía pensar en la respuesta a la pregunta, sólo podía pensar en
los miembros del tribunal que eran 3 y en mis compañeros que estaban en el
aula: qué hacían, cómo me miraban, qué estarían pensando…
Es importante que sepáis que
hice un examen oral solo con dos profesores en 4º de carrera. Me salió redondo
y mi nivel de ansiedad fue el de un examen escrito.
Para los orales, nuestro profesor
normalmente llamaba a otros dos profesores del departamento para que escucharan
los exámenes orales y la nota fuera lo más objetiva posible. Ese día, por
alguna razón faltó uno. Además, en la lista de personas que se examinaban ese
día yo era el último y tuve la suerte de que ninguno de mis compañeros de clase
quiso quedarse a oír mi examen.
Me pasa igual cuando estoy
con varias personas. Cuando estoy con una o dos personas soy hablador, estoy
relajado, lo paso bien. Pero basta que haya una tercera para que a penas abra
la boca y cuando la abro tiene que ser algo muy breve porque me pone muy nervioso.
Por tanto, cuando estoy con
varias personas está claro que es por falta de habilidades sociales. Pero en
los exámenes orales ¿es también lo mismo o es una mezcla de eso y una timidez
extrema? Creo que la respuesta es importante porque la solución tendrá que ser
también distinta.