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domingo, 17 de noviembre de 2013

HABILIDADES SOCIALES (I)

En primer lugar le agradezco mucho a Luis todos sus comentarios porque me han servido mucho para reflexionar sobre muchas cosas. En cierto sentido creo que me conoce mejor que yo mismo. Se nota que ha estudiado mucho sobre el tema y cualquier otro comentario que pueda realizar siempre será bienvenido.

Me ha encantado la definición que ha ofrecido Luis de inteligencia emocional: “se entiende como la capacidad que tienen las personas para desenvolverse de forma exitosa en las relaciones sociales.
Cuando la inteligencia emocional se puso de moda gracias a los libros de Daniel Goleman, confieso que sentí curiosidad y me compré 2 de sus libros, pero sólo leí un par de capítulos o 3 de “Inteligencia Emocional”. Dejé de interesarme porque en mi trabajo vinieron unos “consultores externos” para darnos formación en inteligencia emocional la cual siempre terminaba con un ejercicio en grupos de 3 para ver cómo interactuábamos.

Uno asumía el papel de cliente, el otro de jefe y el otro de currito y la clave: qué harías en la situación que te proponían los formadores. Pero ojo, que no era ningún ejercicio teórico, sino que había que hablar y escenificar como si se tratara de una situación real.
Esto me ponía nervioso, lo pasaba mal durante estos ejercicios y pensé que esto de la inteligencia emocional era algo parecido a esos libros americanos que pretenden convertirnos en triunfadores de la noche a la mañana leyendo un libro y haciendo lo que pone en él del tipo: Repite antes de acostarte "Yo puedo, yo puedo, yo puedo...". En definitiva, colgué los libros en la estantería.

Pero siempre me han interesado las habilidades sociales porque soy muy consciente de que carezco de ellas. Hasta ahora no sabía que eran lo mismo que la inteligencia emocional.
Hay determinados momentos en los que no he sabido cómo comportarme y claro, he huido de la situación. Y necesito saber qué es lo que haría una persona normal, de qué hablaría y cómo se comportaría. ¿Hay algún libro bueno al respecto? Me sería de gran ayuda.

Van algunos ejemplos que me llaman la atención porque no he sabido qué hacer, cuando todo el mundo sabe cómo comportarse en estos casos.
a) Recreos

Los amigos que tenía cuando iba al instituto y a la universidad iban a otros colegios. Nos conocíamos porque los fines de semana íbamos a jugar a las maquinitas al mismo sitio y porque nos intercambiábamos juegos y programas de ordenador. Vaya frikis, diréis. Pues sí.
En el instituto no tenía amigos y en la universidad aún menos. Y en los recreos nunca he sabido qué hacer. ¿Qué hice?

En el instituto utilicé la estrategia de la lapa: me arrimé a un chico y permanecí junto a él casi todo el tiempo.
Ya en la universidad, no había recreos sino cambios de clase de 10 minutos. En ese tiempo me quedaba en mi asiento haciendo como si estaba copiando algo de los apuntes que no había cogido en clase.

Es patético, ya lo sé.
b) Picoteo en el trabajo

Entramos varias personas a la vez a trabajar para una empresa y nos ofrecieron un cocktail con algo para picar ese día para que nos fuéramos conociendo todos.
Al principio se acercaba mucha gente a mí y me preguntaban cómo me llamaba, de dónde era, si ya conocía a mi jefe, etc. Pero después de cierto tiempo mucha gente me había saludado y no se acercaban otra vez. Se acercó algún pez gordo a coger algo de la mesa por donde estaba y me dijo algo, después me preguntó quién era mi jefe. Mis respuestas fueron “Sí”, “Rafael”. Se quedó un momento más, pero como no seguí hablando, se marchó.

Aquí me puse nervioso porque era el único que estaba en la mesa picando algo, mientras el resto estaba hablando animadamente, copa en mano.
Encontré la salida: ir al baño. Cuando volví no sabía con quien hablar y busqué otra salida: llamar a mi madre para contarle qué tal había sido mi primer día de trabajo. Luego me fui a casa.

c) El abrazo
Ya os he hablado de ella, es la segunda chica a la que expresé mis sentimientos.

Después de varios años sin vernos, coincidimos un viernes en la estación de autobuses de Madrid. Iba acompañada de su hermana. Cuando me vio, se acercó a mí con una sonrisa e hizo los movimientos oportunos para dar-recibir un abrazo. Yo nunca había dado un abrazo a nadie e hice una pirueta extraña. Ví caras de extrañeza tanto en ella como en su hermana.
¿A qué vino lo de la pirueta? Ya sé que es de gilipollas, pero me curvé entero para poder dar un abrazo de manera que mi pecho no tocara el suyo, no quería que pensara que yo…. En serio, así de gilipollas era y tenía 28 años!!!

d) Exámenes orales
En la facultad había ciertas asignaturas que tenían examen oral obligatorio. Yo las pasaba canutas. Los días antes del examen (de 7 a 10 días) dormía mal, tenía como pesadillas pensando en el examen. El día anterior al examen no podía dormir, pero tampoco podía aprovechar el tiempo para repasar por lo nervioso que estaba. Tenía síntomas físicos como sensación de ahogo, palpitaciones, dolor de cabeza, nauseas, vómitos, dolor de tripa…

Mi madre me quería consolar diciendo que si suspendía no pasaba nada pero que no me pusiera así.
El resto de asignaturas estaban plagadas de notas muy buenas. Por tanto, no era que no pudiera memorizar esas asignaturas, la materia me la sabía y mejor que las otras asignaturas ¿por qué? Porque sabía que en el examen se me iba a nublar la mente y no iba a poder pensar por lo que mi respuesta tendría que ser automática y eso sólo te lo ofrece la memoria. Me lo aprendía como un papagayo.

Era el temor a no poder articular palabra, a quedarme paralizado al tener que exponer ante varias personas lo que me consumía. Es por tanto, lo de enfrentarme, hablar ante varias personas lo que me paraliza.
En los otros apartados está muy claro que se trata de mi falta de habilidades sociales.

Aquí no sé si es mi timidez extrema o si es mi falta de habilidades sociales porque durante el examen oral os juro que no podía pensar en la respuesta a la pregunta, sólo podía pensar en los miembros del tribunal que eran 3 y en mis compañeros que estaban en el aula: qué hacían, cómo me miraban, qué estarían pensando…
Es importante que sepáis que hice un examen oral solo con dos profesores en 4º de carrera. Me salió redondo y mi nivel de ansiedad fue el de un examen escrito.

Para los orales, nuestro profesor normalmente llamaba a otros dos profesores del departamento para que escucharan los exámenes orales y la nota fuera lo más objetiva posible. Ese día, por alguna razón faltó uno. Además, en la lista de personas que se examinaban ese día yo era el último y tuve la suerte de que ninguno de mis compañeros de clase quiso quedarse a oír mi examen.
Me pasa igual cuando estoy con varias personas. Cuando estoy con una o dos personas soy hablador, estoy relajado, lo paso bien. Pero basta que haya una tercera para que a penas abra la boca y cuando la abro tiene que ser algo muy breve porque me pone muy nervioso.

Por tanto, cuando estoy con varias personas está claro que es por falta de habilidades sociales. Pero en los exámenes orales ¿es también lo mismo o es una mezcla de eso y una timidez extrema? Creo que la respuesta es importante porque la solución tendrá que ser también distinta.

domingo, 10 de noviembre de 2013

FEOS

¿Eres feo? ¿Te consideras feo? ¿Y tus amigos vírgenes son feos?

Vayamos por partes:
1.- AUTOEVALUACIÓN

Si me miro al espejo veo a alguien gordo, no feo. Mi médico dice que ve a una persona grande, no gorda (lo que quiera que eso signifique).
Me veo como una persona normal que estaría en la media de “hermosura” o quizá un pelín por encima de la media.

Mis hermanas dicen que no soy feo, que si adelgazara un poquito… Lo mismo he oído decir a alguna amiga de mis hermanas y a alguna compañera de trabajo. Incluso tengo un ex-compañero de instituto que dice que soy guapo à sin comentarios.
Aunque claro, es posible que todo eso sean mentiras piadosas.

Pero he podido caer en la trampa de la autoevaluación al considerarme en la media o un poquito superior a la media.
¿En qué consiste la trampa de la autoevaluación?

Con un símil lo vais a comprender perfectamente: nuestro nivel de inglés.
Cuando terminé la facultad había que buscar trabajo. En las ofertas de trabajo decía “Nivel alto de inglés”. ¿Qué es eso? Quien sabe. Pero pensé que me convenía tener un título que lo acreditara. Mis amigos ponían “Inglés: nivel alto (o muy alto) tanto hablado como escrito” sin ningún título que lo avalara.

Yo me preparé el Proficiency (C2) de los exámenes de Cambridge porque es el nivel más alto. Mis amigos decían que ellos tenían ese nivel y que si se lo pedían en algún sitio pues que harían el examen y listo. (Ese examen supone saber algo más que indicar a un turista que gire a la derecha en la esquina y después siga recto que era el inglés que sabían esos chicos.)
Su autoevaluación no les llevó a ningún sitio porque en una entrevista de trabajo en la que un nativo te habla en inglés, no puedes murmurar las 4 palabras que sabes de inglés que se reducen a indicar a un extranjero dónde está la tienda de helados.

Yo me saqué el Proficiency. ¿Qué pasó con los que se autoevaluaban con nivel alto o muy alto?
Pues uno de ellos está ahora mismo en la escuela de idiomas estudiando 4º curso. Está en paro y AHORA quiere tener algún título. OJO: que su nivel autoevaluado era “alto o muy alto” hace muchos años y ahora no sé si su nivel sería el A2. Creo que si apruebas 4º te dan el B1, pero ni idea. Del A2 al C2 hay un trecho.

Pues lo mismo nos pasa al autoevaluarnos la “hermosura”. Si la evaluación es nuestra, tendemos a sobrevalorarnos, al fin y al cabo nos queremos a nosotros mismos y nos vemos todos los días por lo que nuestra cara tiende a sernos “agradable”.
2.- EVALUACIÓN POR TERCEROS

Si la autoevaluación no vale, pues que sea un tercero el que lo haga para que la evaluación sea más objetiva ¿no?.
Ya, pero es que soy tan tímido que no me atrevo a poner ninguna foto en ningún sitio. Me da una vergüenza terrible.

Es que incluso lo paso mal yendo al fotógrafo el cual siempre tiene que repetir la foto porque sale con caras raras al fingir una sonrisa. Culpa suya que te dicen “Sonríe…”. Mierda, ahora que me acuerdo, sólo me queda un año para renovar el DNI.
3.- TEORÍA DE LOS APARTAMENTOS

Escuché a Emilio Duró decir algo así como que si tienes 40 años y sigues virgen, es que guapo guapo no eres. Y tengo un amigo, Enrique, que lo repite bastante, aunque refiriéndose a sí mismo.
Este mismo chico tiene una teoría que llama Teoría de los apartamentos.

Se refiere a la escasez de apartamentos buenos en Madrid. (Al menos era así en su día, cuando formuló su Teoría en 2001). Apenas sale un anuncio bueno en el periódico, llamas y te dicen que ya está alquilado. Pero si acaba de salir hoy y acabo de comprar el periódico a primera hora de la mañana. ¿Cómo es posible? Pues lo es, ya está cogido. Y es que el bueno bonito y barato no existe, al menos para la gran mayoría.
a) Apartamentos Clase A

Según esta teoría, los apartamentos buenos desaparecen incluso antes de que nadie se entere de que está libre (Enrique dice que cuando una tía buena está libre, hay miles de babosos haciendo cola que están al acecho y que no dura nada estando libre).
b) Apartamentos Clase B

Por tanto, los apartamentos que van quedando libres (y que puedes ir a ver) son aquellos menos valorados. Son pocos y malos y te tienes que conformar con ellos, porque que el resto es peor.
c) Apartamentos Clase C

Finalmente, hay apartamentos que no se alquilan ni aunque la vida del dueño dependiera de ello. Están en el mercado (como nosotros) pero es como si no lo estuvieran por múltiples razones:
-      El apartamento está totalmente destartalado y con cucarachas. 1.000 euros.

-      El apartamento está totalmente equipado y con el espacio aprovechado eficientemente. 700 euros. Sí, pero se olvidaron de decir que tenía 25 metros cuadrados.

-      El apartamento está justo encima de una discoteca ruidosa. 1.000 euros…
Según Enrique, él sería como un apartamento de Clase C, el problema es que el dueño (él) no sabe ver dónde está el problema:

-      Si el apartamento está en el centro de Madrid, piensa el dueño que qué menos que pedir 1.000 euros. à Ya, pero está totalmente destartalado y con cucarachas, o está justo encima de una discoteca.

-      Si el apartamento tiene de todo: para cocinar, dormir, ducharse… piensa el dueño que es un lujo que en pleno centro de Madrid puedas vivir de manera independiente por solo 700 euros à ¿Independiente? Es más pequeño que compartir piso, al menos tendría cocina y armarios decentes.

-      Si es apartamento es tradicional español, piensa el dueño que es ideal para que se integre la gente de fuera: sí, claro, con el toro o el torero y la gitana encima de la tele, papel pintado de los 80, sintasol en el suelo… Sin comentarios.

¿Y qué me dice esta teoría?
Pues quizá no me diga que soy feo, no lo sé, es posible que sí y también es posible que no.

Lo que me dice es que soy como uno de esos apartamentos que nadie quiere y que por algo será, que tengo que averiguar por qué no soy atractivo para los potenciales arrendadores y remodelar el apartamento.
4.- ¿Y TUS AMIGOS VÍRGENES SON FEOS?

Hay 3 que sí que son feos, no se puede negar. Pero el resto definitivamente no son feos.
Claro que no tenemos ningún gusto en el vestir, ni sabemos arreglarnos para destacar nuestros puntos positivos, (vamos que nuestra forma de vestir, llevar el pelo, etc. da pena) pero ese es otro problema.


CHICAS

En una entrada anterior dije que había expresado mis sentimientos a 4 chicas y que había sido rechazado en las 4 ocasiones. Pues ha habido una quinta. Pero antes una chica maravillosa me dijo que conocía mis sentimientos por ella. De esta última hablaré en otro post.

Por mi forma de ser he tenido muy poco contacto con chicas. Mi vida social se ha reducido a unos pocos amigos chicos y ahora que vivo en otra ciudad, ni eso.
1.- Primera

Expresé mis sentimientos por primera vez a una chica cuando tenía 20 años. Era una compañera de facultad. Hablamos por primera vez mirando en el tablón de anuncios las notas de un parcial. A los pocos días coincidimos a la salida de clase, la residencia donde se alojaba se encontraba camino de mi casa y comenzamos a ir juntos a casa después de clases; así nos fuimos conociendo mejor.
Un día me comentó que solía ir a correr con un par de amigas los sábados por la mañana y me propuso ir con ellas ya que le había dicho que quería adelgazar. Acepté.

Me sentía tan a gusto con ella que en una de mis conversaciones, sin querer, le expresé mis sentimientos. Para mi asombro, no fui patoso en absoluto, sino que todo fluyó de manera natural.
Me dijo que estaba pensando abandonar la carrera, volverse a casa (era gallega) y estudiar imagen y sonido. Por lo que no podía ni pensar en comenzar una relación. A los 2 meses se fue a su tierra.

2.- Segunda
Era una compañera de facultad que me pedía los apuntes y me preguntaba dudas de clase. Era la clase de chica que te hacía sentir importante. Por ejemplo, después de contestarle una pregunta siempre me decía “Eres estupendo”; “Me encantan los hombres inteligentes, tu novia flipará contigo”.

Cuando llegó la época de exámenes comenzó a llamarme varias veces al día. Unas veces era porque tenía dudas o porque no entendía una de mis abreviaturas, pero la mayor parte de las veces era para ver cómo lo llevaba. En una ocasión le dije que ese mismo día había comenzado a repasar y que como el examen era al día siguiente me iba a quedar toda la noche estudiando porque quería sacar buena nota.
A partir de aquel día ya no se separaba de mí en la facultad, comenzó a sentarse a mi lado y me llamaba a menudo por teléfono. Después de 4 meses, ya había comentado a los de mi círculo de amigos que me gustaba. Mis amigos, mi madre (que es quien cogía el teléfono), y todo el mundo me decía que tenía que decirle algo, que lo tenía hecho.

Y se lo dije. Ella me dijo que tenía novio de toda la vida, que cuando me dijo que no tenía novio era porque habían roto temporalmente.
3.- Tercera

En una ocasión fui a una entrevista de trabajo a Madrid donde vivía un amigo y quedé en irle a ver a su casa. Comimos en su casa y me presentó a una compañera de piso con quien me quedé hablando una vez él se hubo marchado por trabajo. Tenía una conversación muy interesante y es de las personas que te hacen sentir genial.
Mi amigo me dijo que le había caído muy bien. La siguiente vez que mi amigo fue a ver a sus padres se llevó a María. Hablamos y nos conocimos mejor.

En otra ocasión volví de visita a Madrid. Hablamos, nos dimos los teléfonos me llamó un par de veces. Luego fui yo, y así durante unos meses.
Finalmente vino con mi amigo a las fiestas de mi ciudad. Mi amigo que había hablado con ella decía que me ponía por las nubes y que lo tenía a huevo. Mis otros amigos, me dijeron lo mismo, así que me tiré a la piscina.

Me dijo que no había entendido nada. Que era un buen tío y que había tratado de ser cariñosa conmigo porque se me veía que lo necesitaba, que me veía con una actitud un poco derrotista con las chicas y que me merecía mucho más.
4.- Cuarta

En Madrid conocí a un par de chicos en el gimnasio. Me invitaron al cumpleaños de uno de ellos donde conocí al resto de la pandilla. Todos estaban emparejados salvo una chica, Cristina.
El siguiente fin de semana me invitaron a salir por ahí y me dijeron que Cristina había preguntado por mí: si tenía novia, etc.

Como siempre: nos conocemos, parece que me gusta y mis amigos me dicen que lo tengo a huevo. Básicamente le digo (algo mucho más light que a las anteriores) que me resulta agradable, que tenemos cosas en común y qué la parecía la idea de irnos conociendo mejor con vistas a una relación. Y ella me dice lo de “solo como amigos”.
5.- Quinta

Una compañera de trabajo el día de su cumpleaños llevó unos croissants y pasó por mi despacho para invitarme. Como a penas habíamos hablado antes, nuestra conversación se alargó un poco. Me dijo que en su casa, en vez de decirla “Felicidades”, la preguntaban que si ya tenía novio porque ya tenía 35 años. Yo dije que tampoco tenía novia y que ya tenía 40; que mi familia era igual, siempre pensando en que había que casarse.
Me llamó algún fin de semana para hacer cosas con su grupo de amigos: excursiones, barbacoas, etc.

Comenzamos a vernos un par de minutos al día en nuestros despachos, ya sabéis: (i) Mira qué me he comprado ¿te gusta?, (ii) ¿Lo pasaste bien el fin de semana; (iii) Los del grupo vamos a quedar esta tarde para tomar chocolate, ¿Te apetece?... Esas cosas.
Parecía que la cosa iba bien, camino de hacernos amigos (nada más), pero se me ocurrió decirle lo mismo que a la  cuarta. Pero ella me dijo que aunque no era correspondida, estaba enamorada de Manuel, un compañero de trabajo.

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¿He estado enamorado de alguna de ellas?

-      Con primera sentí como un amor a primera vista, me gustó en el instante que la ví, pero no sé si eso era amor o encoñamiento.

-      Con la segunda definitivamente no era amor. Es que si te ponen por las nubes, emocionalmente quieres continuar con ese sentimiento y eso es lo que buscaba.

-      Con la tercera me pasó exactamente lo mismo que con la segunda. 

-      Con la cuarta y con la quinta si les dije algo a esas chicas fue porque me sentía presionado por la edad y por mis compañeros. La cuarta ni siquiera me gustaba físicamente y a quinta a penas la conocía. Parece que en vez de avanzar retrocedo.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

JANE II

3. RESPUESTA A LOS COMENTARIOS GENERALES

Es posible que mi imagen de ser una persona abierta, habladora, amable y que siempre estaba rodeado de gente se debiera a que al principio entre los compañeros de clase yo era el único que hablaba inglés con soltura (a decir verdad, Jane y yo éramos los únicos que teníamos soltura). Aclaro que el curso al que íbamos era un curso de inglés técnico, no inglés general. Por eso en el mismo estábamos personas con mayor o menor grado de soltura. Como a la gente le costaba arrancar y expresar cualquier cosa en inglés, yo era de los que más hablaba, pero aclaro: no era porque fuera muy hablador, sino porque me costaba menos expresarme que a los demás. Ahora que recuerdo, es cierto que siempre estaba con gente: supongo que les gustaría estar con alguien que hable, que participe y no con alguien que es un mero espectador. Y en esos momentos, yo era el que más hablaba.
Las horas que pasábamos solos al finalizar las visitas guiadas: Es gracioso porque dicho así parece como si se tratara de paseos románticos. Lo que yo sentía era más bien distinto. Estaba solo con Jane y yo, debido a mi timidez, esperaba que se uniera alguien más a nosotros, así alguien más se encargaría de dirigir la conversación y yo me podría relajar. Pero estábamos solos y yo me ponía muy tenso, pensando en qué decir a continuación.

Jane dice que cuando hablaba con ella la sonreía. Bueno, esa “sonrisa” era una sonrisa de no saber qué decir. Cuando no sabía qué decir, simplemente ponía esa sonrisa de tonto esperando que se me ocurriera algo o que se la ocurriera algo a Jane. Era un automatismo y tenía que ver con mi timidez.
Yo no sé si la consideraba una amiga. Es una palabra que se utiliza con demasiada ligereza. Nos conocíamos, nos caíamos bien y pasábamos muchos tiempo juntos (con más personas). Me hacía sentir bien y de todo el grupo era con quien más me gustaba hablar porque tenía mucha soltura con el inglés y era la única persona de mi edad de toda la clase. El resto eran mayores o gente que estaba estudiando en la universidad y aprovechaba las vacaciones para aprender inglés económico-financiero y/o jurídico (hice los 2).

La segunda fase la reconozco perfectamente porque otros compañeros me dijeron que ya no hablaba tanto. ¿Qué ocurrió? Que después de un tiempo la gente comenzó a soltarse un poco con el idioma, ya no les costaba tanto expresarse y salió el “yo” de cada uno: el que era hablador hablaba más y el que era tímido hablaba menos. Fue eso simple y llanamente.
Dice que ya no sonreía tanto. ¿Recordáis lo que os he acabo de decir? Mi sonrisa era un automatismo cuando estaba nervioso esperando encontrar qué decir o que la otra persona dijera algo. Aquí ya no era necesaria esa sonrisa porque si yo no hablaba, alguien más en el grupo lo hacía, por lo que la sonrisa ya no salía, el automatismo cesaba y mi expresión era más neutral.

¿Me había enfadado con ella? No, no tenía ningún motivo y me siento muy mal al pensar que se sintió así por mi culpa. No me puedo creer que haya generado ese tipo de sentimientos en una persona a la que aprecio simplemente por ser una persona torpe socialmente que no sabe expresarse. ¿Habré podido arruinar posibles amistades por cosas como esta de las que no he sido consciente?
Cuando hubo pasado un tiempo desde que Jane dejara de venir con nosotros, no es que me enfadara, pero sí que me preguntaba por qué ya no venía ya con nosotros y me generaba tristeza.

Finalmente, el día de mi despedida fue muy esclarecedor para mí:
-          Me sentí muy mal cuando no quiso despedirse. Sabía de sobra que lo de estar enferma era mentira, pero pensé que habría dicho algo y la habría cagado.

-          Luego pensé que debería escribirle un email pidiendo disculpas si la había ofendido.

-          Pero pensé que ese email la enfadaría y no lo leería, por lo que nunca la escribí.

4. RESPUESTA A COMENTARIOS MÁS PARTICULARES
Comprendo que esté asombrada por lo que cuento, si tenemos en cuenta que la imagen que tenía de mí era la de  una persona habladora, abierta, rodeada de gente… cuando la realidad es que soy una persona bastante tímida. Soy callado cuando me encuentro con 3 o más personas. Cuando estoy con una o dos personas la verdad es que me suelto bastante.

Respecto a que me he rodeado de gente virgen y que eso ha hecho que me parezca a ellos, es posible que tenga parte de razón. Lo semejante atrae a lo semejante. Por eso siendo virgen conozco a tantos vírgenes cuando para otras personas, alguien virgen es algo impensable a estas edades, no conocen a nadie así. Quizá tenga un punto de razón, no lo sé.
Que Jane sepa que soy virgen me produce un poco de mal cuerpo, sobre todo porque recuerdo perfectamente haberla dicho (aunque no sé si ella se acordará) que había estado con varias chicas. Era mentira, pero decir a alguien que eres virgen es una conversación que prefieres evitar por vergüenza, por no saber qué explicaciones dar… así que mentí. Es una sorpresa muy grata para mí esta actitud de Jane al respecto.

¿Doy mucha importancia a la virginidad? No lo sé. Mis entradas pretenden explicar una situación: que yo tengo más de 40 años y soy virgen y que no soy el único, hay muchos más; pero que tratarnos de ocultarlo por vergüenza y por temor al desprecio de los demás.
Y lo de volver a hablar por email y quizá finalmente utilizar Skype, es algo que me encantaría. Jane es una persona a la que he echado mucho de menos. Quizá cuando más la eché de menos era cuando estábamos en Inglaterra y Jane dejó de venir con los de clase, pero en estos (muchos) años que han pasado, he pensado en ella en muchas ocasiones.

Después de leer el blog ahora me comprende un poquito mejor y se ha dado cuenta de que no estaba enfadado con ella, simplemente, era mi forma de ser. Era mi timidez que domina todos los ámbitos de mi vida y que impide que me ocurran tantas cosas buenas. Por eso quiere volver a conocerme, a conocerme de verdad.
Yo acepto su ofrecimiento y le estaré eternamente agradecido por esta nueva oportunidad. Aunque ¿sabéis? Hasta ahora sólo le he mandado un mensaje, agradeciéndole su email y la amistad que me brinda. Han pasado varios meses y solo la he dicho eso. No sé a qué estoy esperando, pero algo me paraliza cuando intento escribir algo. Escribo y borro, escribo y borro, escribo y me digo que ya lo intentaré otro día.

JANE I

Hoy quiero compartir algo distinto. Se trata de un email que recibí a principios de julio de una excompañera de clase de inglés. Es danesa y se llama Jane. Tenía mi dirección de correo electrónico personal desde que estudiamos juntos, pero nunca nos habíamos cruzado unas líneas.

Se trata de un email muy personal y muy largo, un archivo de Word de 11 páginas en inglés. Está claro que lo ha escrito reflexionando muy bien lo que dice. Alguna de sus percepciones sobre mí me resultan absolutamente extrañas, como si las mismas se refirieran a otra persona.
Jane me cuenta que se ha leído el blog de cabo a rabo con el traductor de google y que la ha puesto muy triste y que ahora se explica algunas cosas sobre mí.

1. COMENTARIOS GENERALES
Su primera impresión sobre mí fue muy positiva. Según ella, daba la imagen de ser una persona muy abierta y que se relacionaba muy bien con los demás. Una persona habladora, amable y que siempre estaba rodeado de gente.

Con Jane fui a varias de excursiones al principio de conocernos: Londres, Leeds Castle, Oxford y otra que no recordamos ninguno de los 2. Después de la visita guiada, siempre teníamos un par de horas o 3 para hacer compras, ver la ciudad, pasear, tomar un helado o lo que nos apeteciera. Salvo la excursión a Leeds Castle a la que fuimos con más personas de clase, al resto fuimos con personas a las que no conocíamos y ese tiempo libre lo pasamos juntos.
Me consideraba un verdadero amigo y me dice que “me echaba de menos” aunque nos hubiéramos visto por la mañana en clase y que estaba impaciente para que llegaran las 8 porque era la hora en la que solíamos quedar junto con otros compañeros de clase para salir y tomar algo: una cerveza, fish & chips… lo que fuera. (Añado aquí, por si alguien piensa otra cosa, que en aquel entonces Jane ya nos había dicho a todos que tenía novio, bueno dicho y enseñado fotos…)

Luego me cuenta que hubo una segunda fase. En esta fase, me comenta que ya no hablaba tanto y que ya no sonreía tanto cuando hablaba con ella sino que tenía una expresión más neutral. También dijo que pensaba que me había enfadado con ella y que lo pasaba mal por las tardes pensando en eso. Y que si al principio me “echaba de menos” y tenía ganas de verme a diario, en esta fase el mero pensamiento de que fuéramos a vernos le causaba cierta sensación rara en el estómago porque no sabía a qué atenerse conmigo. Pensaba que me había enfadado con ella y que mi nuevo lenguaje corporal, unido a que ya no hablaba tanto con ella, era una forma de expresar mi enfado. Debido a esos sentimientos dejó de venir tan a menudo con el grupo de clase y comenzó a salir con el grupo de amigos de su compañera de habitación.
Ella atribuye este cambio en mi comportamiento a que  un día en vez de quedar con los de clase como hacíamos a diario, se fue al teatro con otras personas.

Finalmente, me ha confesado que mi último día allí fingió estar enferma para no verme y no despedirse porque tenía emociones contradictorias al respecto. Por un lado me tenía mucho cariño, pero por otro tenía ganas de darme un puñetazo por idiota. Habíamos perdido tanto tiempo sin hablarnos y a partir de entonces quién sabe si volveríamos a mantener el contacto.
2. COMENTARIOS MÁS PARTICULARES

Está asombrada por lo que cuento, dice que no me reconoce, que no cree que pueda tener tantas dificultades para estar con chicas y que la imagen que tenía de mí era que tenía facilidad para hablar y quedar con chicas. Que le resulta increíble que sea virgen y que nunca me ha considerado una persona tímida sino abierta.
Luego me dice que menciono a muchos chicos que conozco que también son vírgenes. Piensa que quizá al haberme rodeado de ellos eso ha hecho que me parezca a ellos. Es decir, si ellos creen que no pueden, yo, por imitación, también creo que no puedo, y por tanto no lo intento.

Que ahora ella también sabe que soy virgen y que no por ello siente desprecio por mí ni me considera inferior y que sus sentimientos son de extrañeza y con ganas de indagar más, pero que no se considera quién para preguntarme sobre mi vida personal aunque le interesa lo que pueda compartir con ella.
Que hoy mucha importancia a la virginidad con mis entradas sobre a cuantos vírgenes conoces o si la gente puede creer que exista gente virgen mayor de 30 años. Que ella cuando está lejos de su marido no piensa en el sexo, sino que lo que echa de menos es una caricia en el brazo, en el beso al llegar a casa, en una mirada cómplice cuando están con un grupo de amigos. Que busque amor y que no me preocupe por el sexo.

Me ha dicho que si estoy dispuesto, podríamos comenzar a volver a hablar por email. Y que si vemos que va bien y me siento solo los fines de semana, podríamos hablar por Skype, así nos veríamos aunque fuera a través de una pantalla y me sentiría menos solo.

lunes, 4 de noviembre de 2013

DISCRIMINADO POR GORDO

No, no soy yo. O al menos las veces que he sido discriminado por gordo no las he advertido. Es la historia de un amigo al que le he perdido la pista. Un gran chico al que le deseo lo mejor.

Pensé en poner estos párrafos al final de la anterior entrada a modo de letra c). También  pensé en no escribir al respecto, al fin y al cabo tiene más que ver con la obesidad que con la extrema timidez o de la falta de relaciones con mujeres. Pero reflexionando un poco, creo que lo más acertado sería escribir una entrada completa.
Os resumo el asunto: A Daniel, un compañero de clase extraordinariamente trabajador, brillante en sus calificaciones, siempre atento con los demás y con muchas ganas de trabajar no le contratan por ser gordo.

No veo a Daniel probablemente desde 1998 ó 1999, pero cuando compartió su historia conmigo me enfurecí bastante. Claro, tocaba fibra sensible, yo también estaba gordo, aunque es posible que algo menos que Daniel.
Así comienza la historia: Daniel tenía un curriculum impresionante: buenas notas, hablaba inglés, dominaba la informática (no sólo Windows, Office… el tío hacía sus pinitos programando) y quería trabajar en algo antes de comenzar a prestar el servicio militar.

Algún conocido le dijo que en la asesoría donde trabajaba su hermana estaban buscando a alguien para el verano en plan becario. Era lo que le convenía a Daniel, así que miró a ver si estaba a tiempo de solicitar una entrevista y una vez le dijeron que sí, se preparó y acudió a la entrevista.
Decepción: la entrevistadora le dijo a la cara que no cumplía los requisitos necesarios (¿para ver becario?) vamos, que no tenía buena presencia. Daniel dijo que llevaba un traje nuevo, el pelo recién cortado y estaba bien aseado, que no entendía nada (aunque en el fondo sí que lo entendía todo).

La entrevistadora le dijo en tono maternal (y esto es como el rintintín, un tonillo imposible de aguantar) que trabajan con clientes y que si ven a alguien con su aspecto pensarán que está perdiendo el tiempo y no trabajando en su asunto.
Que conocen su valía, pero que su trabajo es cara al público, por lo que están buscando a personas con otro perfil. Y se quedó tan ancha.

Simple y llanamente le había dicho que

gordo = vago

Daniel = gordo

Por tanto:

Daniel = vago

Y todo esto teniendo delante sus calificaciones, su curriculum. De nada sirve, si quien tenemos delante te quiere discriminar.
¿Qué pasó? ¿Daniel adelgazó? ¿Los demandó ante los tribunales…?

No pasó nada, salvo que Daniel se cogió una depresión.
¿Adelgazó? Hasta donde yo sé, no. Quizá hoy esté hecho un figurín, no lo sé.

¿Demandó a la empresa por discriminación? No porque las empresas pueden discriminarte si quieren, cogen a quien quieren que para eso son ellas las que pagan. Si te sientes discriminado siempre pueden inventarse alguna tontería por la que valorarían más el expediente del tío de al lado. En fin ¿De qué habría servido?
Pero quedó algo y no fue algo positivo: resquemor. Y lo que es peor, yo no conozco de nada a esa entrevistadora, pero me hierven las tripas cuando pienso en esto.

No sé, si yo hubiera sido la entrevistadora y la hubiera tenido contra los gordos, habría terminado la entrevista como cualquier otra. Y después habría mandado la correspondiente carta que dice que "Lamentablemente …. No obstante, mantendremos sus datos durante un año por si en el futuro…" El resultado habría sido el mismo, y no habría hecho sufrir gratuitamente a una persona valiosísima.

De verdad que me parece increíble que existan personas así.
Siempre que pienso en esto me pongo de mal humor.

domingo, 3 de noviembre de 2013

HISTORIAS

Quiero compartir con vosotros algunas experiencias, son historias viejas de otras personas, pero que me hacen reflexionar sobre cómo es el mundo a nuestro alrededor.

a) Borja
Un compañero de trabajo (le llamaremos Borja) comienza a salir con una chica y en sus salidas hacen cosas solos. Quiero decir, que en lugar de ir a una discoteca, a cenar o de copas donde podían encontrarse con más personas, sus actividades eran del tipo: ir a patinar a Retiro el sábado por la mañana, salir a pasear por la ciudad después de comer los fines de semana, salir de excursión, etc.

Un día estaban de compras. La chica se encuentra con un amigo y le presenta a Borja como un compañero del trabajo.
Tras varios días pidiendo explicaciones y no recibiendo nada a cambio, por fin la chica dice que no le ha dicho a nadie nada de la ruptura con su novio. Y que había dicho por ahí que está con él (con Borja) terminando un asunto muy urgente del trabajo, que por eso no se había dejado ver por unas semanas.

En este punto Borja cortó con la chica. Sus reflexiones fueron que salía con él pero que no le consideraba suficientemente digno (léase guapo, con dinero, de buena familia o lo que fiera –la chica era de familia con dinero) para salir con ella. Así que prefirió ahorrase la vergüenza y cortar por lo sano.
¿Lo veis? Aquí otra vez los complejos.
Y la actitud de la tía: no la entiendo.

b) D
Es la historia de un amigo muy cercano D., de mi edad al que hace muchos años que no veo. No sé si es virgen o no, pero en julio de 2003 era igual de virgen que yo: nada de nada, pero de nada, vamos que no había tenido ni una amiga.

En aquel verano D se puso a hacer un curso de verano porque había obtenido una beca, así el curso le salía gratis. En el curso conoció a C, una chica guapísima, comprensiva, inteligente… que se sentaba junto a él en clase. D me comentó que C le llamó en varias ocasiones para tomar una cerveza a eso de las 9 de la noche con otros compañeros del curso. Incluso una vez salió de copas con C, una amiga de C y otro compañero de clase, todo a iniciativa de C.
          Paréntesis: No os lo había comentado, pero D es sumamente inteligente.     Ha estudiado las carreras de Derecho y de Informática (que no tienen nada que ver), tiene un master en Bolsa y Mercados Financieros y está comenzando a estudiar Historia por la UNED. Ha trabajado muchas cosas muy bien pagadas que ha ido abandonando por su extraordinaria timidez, le cuesta mucho hablar con la gente. Según me cuentan, ahora ha montado una tienda de ordenadores donde vende y repara ordenadores. Él se encarga de las reparaciones, así no tiene que hablar con la gente y está más cómodo. Según me dicen le va muy bien.

En fin, que C le decía muchas veces a D que se vende muy barato, que debía aspirar a más, que vale mucho (yo estoy de acuerdo). En fin, que la compañía de C le sentaba muy bien a D, de hecho D nos decía que se había medio enamorado de C. ¿Medio? Sí, porque no quería enamorase del todo porque sabía que sería rechazado, pero que C le hacía sentir especial, como nadie lo había hecho nunca.
C era de otra ciudad y cuando se terminó el curso de verano, al parecer C insinuó a D que quería tener sexo con él. (No sé cómo hizo o si fueron imaginaciones de D porque no fue más explícito). D no sabía qué hacer ni cómo reaccionar así que fingió una bajada de azúcar y ahí se acabó todo.

Cuando D regresó todos le preguntamos que dónde tenía la cabeza. Nos dio que se le nubló el juicio, no podía pensar. Lo tenía ahí delante, no eran imaginaciones suyas. Tenía la oportunidad de hacerlo precisamente con quien más quería hacerlo de este mundo. Y le entró miedo. Miedo a ser rechazado porque no sabía ni siquiera besar, porque no estaba preparado y no tenía condones, porque ¿Y si no era lo suficientemente bueno y la decepcionaba y quería volver a hablar con él? La única solución era una bajada de azúcar así nadie podría culparle, sería un problema médico.
Decía que C le tenía en mucha estima (lo de que se vende barato, que podía aspirar a más, etc.) y que si se daba cuanta que no valía para nada en ese ámbito, quedaría totalmente decepcionada y se olvidaría de él.

Me parece muy fuerte fingir una bajada de azúcar, sobre todo porque la pobre chica no sabría qué hacer. Lo tendría todo preparado y de repente, zas, vaya sorpresa.
Yo nunca me he encontrado en esa tesitura. Pero me pregunto que en caso de haberlo estado ¿Cuál habría sido mi comportamiento? ¿Habría salido huyendo?

Seguro que no me habría inventado una bajada de azúcar, pero seguro que habría huido. Ya sé que es de cobardes, pero ES QUE NO SÉ HACER NADA.
Quiero decir, que hasta los niños de 13 años saben besar. Yo ni siquiera eso. Nunca he dado un beso. ¿Podéis comprenderlo?