Me contó una cosa interesante. Dijo que conocía a mis amigos RL y DB. Bueno, quien dice conocer… La zona de marcha de mi ciudad natal es muy pequeñita y de cuando en cuando mi hermana se encuentra con mis amigos y como es normal, se saludan, se cuentan un par de cosas y hasta otro día. Pues por lo visto, en varios de esos encuentros también estaba Marta.
Marta me dijo que nos parecíamos, no físicamente, claro, sino en nuestra forma de ser. Y después de un buen rollo contándome lo que eso significaba, me dijo algunas cosas que me parecieron interesantes:
Una de las cualidades más atractivas que las mujeres encuentran en los hombres es que sean echados para adelante, que se coman el mundo. Nosotros, en cambio, damos la impresión de en vez de estar “echados para adelante”, estar “echados para atrás”. Por ejemplo, en una boda, a la hora del baile no sólo no nos acercaríamos a las chicas sino que espantaríamos a las que quisieran acercarse con nuestro lenguaje corporal que dice “Yo no, yo no”.
Ella cree que en un principio, de pequeños, cuando se nos abrían nuevas posibilidades (a los 16 años buscar novia, a los 18 sacarse el carnet de conducir, etc.) teníamos cierta ilusión, pero a la vez miedo, temor a no dar la talla. No supimos plantarle cara al temor y se ha ido haciendo cada vez más fuerte hasta tal punto que a día de hoy ya ni siquiera vemos lo que tenemos delante, es decir, ya no pensamos en tener pareja ni en casarnos. Tampoco pensamos en transformar nuestros fofos cuerpos en cuerpos sanos.
¿Por qué? Porque hemos permitido que le temor a lo nuevo sea tan fuerte que domina nuestra vida y no pensar en cosas nuevas permite mantener alejado el temor de nuestra vidas.
Y lo peor de todo
es que resulta que estoy de acuerdo.